miércoles, 30 de septiembre de 2009

MUCHO BLA, BLA, BLA ECOLÓGICO


La Asamblea General de las Naciones Unidas del año 2009 tiene como tema central el “calentamiento global”. Los representantes de los 192 países que la conforman, expondrán, entre otros temas, sus opiniones sobre los problemas del desequilibrio de los sistemas naturales en todo el mundo, los cuales en los últimos 50 años han recibido un impacto degradable como en ningún otro momento de la historia. Frente a tan angustiante problema, surge la propuesta, “Sólo en el socialismo está la salvación del planeta.” ¿Hasta dónde este discurso es la solución? ¿Hasta dónde este discurso no es una mentira piadosa?

En uno u otro sistema económico (socialismo, capitalismo), la presión sobre los Recursos Naturales Difícilmente Renovables es idéntica. En el capitalismo, para satisfacer la avaricia y la opulencia de una minoría ahíta. En el socialismo, para satisfacer las necesidades elementales de las mayorías nacionales. Sea cual fuere el propósito: acumulación de riqueza, por parte del capitalista o satisfacción de las necesidades de las mayorías nacionales, la presión sobre los Recursos Naturales Difícilmente Renovables es igual. El propósito no desvirtúa el daño, no amortigua la degradación del equilibrio natural, no impide el agotamiento de los Recursos por la permanente actividad extractiva.

Decir que el capitalismo en su desaforado afán de enriquecimiento individualista, ha introducido prácticas productivas, patrones de vida y de consumo, que han colocado en riesgo al planeta y por tanto produce un desarrollo insostenible para la vida misma, es un discurso cierto, no hay la menor duda, pero carece de sentido, cuando a dicho discurso se contrapone el socialismo como solución, por cuanto en los intentos socialistas habidos en el siglo XX, el deterioro ambiental ha sido exactamente igual: crecimiento demográfico y mayor presión sobre los recursos naturales. Carlos Marx decía, “el socialismo no es la antítesis del egoísmo”


La realidad del daño ecológico quedó a la vista en la Unión Soviética (lago Aral, Chernobil, etc.) y continúa mostrándose en China, donde el desarrollo industrial, minero, agropecuario, urbanístico, comete los mismos crímenes contra la naturaleza. El grado de contaminación atmosférica quedó en evidencia en las recientes olimpíadas de Pekín. ¿Y qué decir de la Revolución Bolivariana que en los últimos diez años saltó la talanquera de las barreras ecológicas? En Venezuela los daños causados en regiones protectoras de suelos y aguas, en los últimos diez años, son gravísimos.

El desarrollo en Rusia y China tanto en el capitalismo, como, en los intentos de socialismo habidos, es exactamente igual en cuanto al problema ecológico se refiere. En el caso de Venezuela y su incipiente socialismo, basta ver los planes desarrollistas de la Revolución Bolivariana: crecimiento demográfico, industrialización, explotación y extenuación de los recursos naturales, contaminación ¿Cómo hablar de ecología en un país de grandes reservas de petróleo, si los hidrocarburos son uno de los factores de mayor incidencia en el calentamiento global? ¡Paradójico! “Habría que empezar por ahí”, decía el doctor Pérez Alfonso que, renunció a ser petrolero y pasó a ser conservacionista.

La solución al calentamiento global está en aplicarle “límites del crecimiento”, tesis planteada hace 50 años por el Club de Roma en atención a estudios científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), al cual pertenece Noam Chomsky. Si hace 50 años no se hubiera impuesto la soberbia tanto del capitalismo como del socialismo, hoy no tendríamos las amenazas nefastas e irreversibles del “calentamiento global”. Si el socialismo adopta “los límites del crecimiento” como proyecto de desarrollo, sin duda, tendría mayores posibilidades de coadyuvar a la salvación del planeta. Para comenzar: control de la natalidad y reducir el consumismo. Hay que sincerar el bla, bla, bla ecológico

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