viernes, 5 de marzo de 2010

LA GUERRA DEL FUTURO, EL AGUA


Estudio de la ONU revela que la disposición de agua potable se reduce aceleradamente. Las disputas no tardarán en aparecer y no sólo serán entre Estados, sino entre los consorcios privados y los pueblos del mundo.

La sobreexplotación, el crecimiento poblacional y el cambio climático podrían convertir la escasez de agua en un problema político, debido a rivalidades emergentes entre países, sectores y zonas rurales y urbanas, asegura un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La valoración resultó una de las conclusiones del estudio sobre el vital líquido, conocido por WWDR-3, realizado por 26 entidades de la plataforma ONU-Agua, bajo el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).

Este peritaje, el más completo sobre el tema, se divulgó en múltiples escenarios durante 2009, y dio nuevos elementos para pensar en la veracidad del augurio belicista, formulado por Ishmael Sarageldin, exvicepresidente del Banco Mundial, promotor de la privatización del vital recurso natural.

Aunque la masa líquida del planeta sobrepasa tres veces a la continental, sólo es dulce el 2.5 por ciento del total. Pero casi todo ese porcentaje se encuentra en los hielos polares y glaciares, y en acuíferos de difícil acceso, algunos por debajo de los 2 mil metros del nivel del mar.

Sólo el 0.025 por ciento del líquido dulce está en la superficie o se le puede acceder con facilidad.

Según el WWDR-3, una quinta parte de las más de 6 mil 700 millones de personas que pueblan hoy el planeta no tiene acceso al agua potable, y 2 mil 400 millones carecen de adecuados sistemas de saneamiento.

De persistir estas insuficiencias, hacia 2030 más de media humanidad vivirá en zonas con problemas de abastecimiento hídrico, estiman estos expertos y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Este panorama se hace más complejo con la alerta de científicos y entidades mundiales sobre el impacto del calentamiento global en los glaciares y casquetes polares, las principales reservas de agua dulce en la tierra.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC, por sus siglas en inglés) vaticina que las variaciones en las precipitaciones y la desaparición de los glaciares afectarán en grande la disponibilidad del recurso natural para el consumo humano, la agricultura y la generación de electricidad.

Para Lonnie Thompson, investigador de la Ohio State University, la capa de hielo del monte Kilimanjaro podría desaparecer en menos de 15 años. Igual pronóstico prevé para 2035 en los glaciares del Himalaya, donde se originan los caudales de los ríos Indo, Ganges, Mekong, Yangtse y Amarillo.

Esto afectará el suministro en gran parte de Asia, continente que distribuye un tercio del agua dulce disponible entre el 60 por ciento de la población mundial, alerta Thompson.

Pero de este riesgo tampoco escapa América Latina, región que concentra más de un cuarto de los recursos hídricos y acuíferos globales para el 8 por ciento de los habitantes del planeta.


En esa zona geográfica, también los glaciares están desapareciendo, mientras ya afrontan 180 millones de personas la carencia del vital líquido.

El glacial Quelcaya, la fuente principal de agua para la gran metrópoli de Lima, enel Perú, baja 30 metros por año y probablemente se desvanecerá dentro de una década, aunque corre mejor suerte que el boliviano Chacaltaya, derretido a finales de 2009, seis años antes de lo previsto por el IPCC.

Este campo helado resultaba decisivo para el abastecimiento y la producción de electricidad en la ciudad de La Paz, la capital de Bolivia.

Igual peligro corren los de Ecuador y otros de la Patagonia argentina y chilena, la cordillera Darwin y la Isla de Tierra del Fuego, insisten los miembros del IPCC.

Con estos datos a la mano, expertos y organismos de la ONU descartan el cumplimiento de una de las metas del milenio para 2015, propuesta para reducir a la mitad las personas que hoy no tienen acceso al agua potable y a la red de saneamiento.

El informe WWDR-3 expone que los progresos de estos servicios básicos son insuficientes para alcanzar ese objetivo fijado.

“La lucha contra la pobreza depende también de nuestra capacidad para invertir en los recursos hídricos”, insiste Koichiro Matsuura, director general de la UNESCO.

“Unos 5 mil millones de euros por año se requieren para conseguir ese objetivo del milenio, y hoy cada tres segundos muere un niño por falta de agua y de higiene”, asegura Carlos Fernández-Jáuregui, director de Water Assesment Advisory-Global Network. Sólo en el África subsahariana hay 840 millones de personas sin agua potable segura y carente de adecuados servicios de saneamiento, precisa el analista.

El 80 por ciento de las enfermedades que azotan a los países en vías de desarrollo está relacionado con este elemento natural, y 5 millones de personas al año mueren por beber agua contaminada.

José Graziano da Silva, representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) para América Latina y el Caribe, considera que, “con el cambio climático, el acceso al agua puede convertirse en un desafío mayor que el acceso a la tierra para la agricultura”.

Como este líquido resulta imprescindible, muchos países adoptan leyes para proteger sus recursos y administrarlos con prudencia, pero la UNESCO afirma que estas medidas aún no surten efecto.

Los cultivos consumen las tres cuartas partes del agua que se extrae, y el resto, para uso industrial y doméstico. “Una persona necesita 3 litros al día, pero producir sus alimentos diarios requiere 3 mil. Un kilo de carne demanda entre 6 mil y 20 mil litros”, expone como ejemplo Jan Van Wambeke, responsable de Tierras y Aguas de la FAO.

“El futuro del agua se encuentra en una agricultura más eficiente”, asegura Jacques Diouf, director general de la FAO, quien propone una mejor gestión del recurso en este sector y más apoyo a los campesinos de los países en desarrollo para enfrentar la escasez y el hambre que genera.

Los autores del informe WWDR-3 afirman que para lograr leyes efectivas en la administración eficiente del agua, resulta necesario involucrar a los responsables de los sectores agrícola, energético, el comercio y la banca.

También hay voces que alertan, ante la evidente escasez para millones y la abundancia para otros tantos, de ocupaciones territoriales y saqueos forzados, además de la pugna en ascenso entre quienes consideran al agua una mercancía más y los convencidos de que sólo es un bien social.

La primera década del siglo XXI casi concluye y la guerra anunciada por el agua orbita como el mayor conflicto geopolítico de la presente centuria.

En las 263 cuencas hidrográficas internacionales y sistemas acuíferos transfronterizos existentes, donde vive casi la mitad de la población mundial, 158 carecen de marco común de gestión, precisa el informe WWDR-3.

“Existe una amenaza de estrés por el agua, de huida de los territorios en crisis y, en el peor de los casos, de guerras por los recursos en peligro de desaparición”, alerta el documento.

Aunque el geógrafo estadunidense Aaron Wolf, director del proyecto Transboundary Freshwater Dispute (Conflictos Transfronterizos Sobre el Agua), insiste en que el elemento natural sobresale como motivo de cooperación entre países, ya la ONU contabiliza más de 50 conflictos por su falta.

La cuenca del Tigris y del Éufrates es el centro de un contencioso entre Turquía, Siria e Irak; la del río Jordán, entre Siria, Palestina, Israel, Jordania y Líbano; la del Ganges y el Indo entre Bangladesh, India y Paquistán, y lo mismo sucede con las cuencas del Nilo y del Zambeze.

En América Latina, México y Estados Unidos disputan por el fronterizo río Bravo, además de las enormes dificultades de abastecimiento en la árida franja que los une.

Washington acusa a su vecino de no administrar bien el caudal, que se reduce en gran parte por evaporación, aunque estos argumentos, refieren analistas, encierran intereses relacionados con su privatización.

Diversos investigadores concuerdan en que la invasión a Irak, en marzo de 2003, fue también para controlar los ríos Éufrates y Tigris, los más importantes del Medio Oriente, donde el agua es tan preciada como el petróleo.

En América del Sur, la frecuente presencia del jefe del Comando Sur de Estados Unidos en la Triple Frontera ?entre Paraguay, Argentina y Brasil? constituye una forma de control sobre el Sistema Acuífero Guaraní (SAG), según una investigación del Centro de Militares para la Democracia, de Argentina.

Además, las declaraciones del Departamento de Estado estadounidense sobre la posible presencia de terroristas en esa región corroboran los intereses de Washington en la zona, precisa el estudio.


El gigante del Mercado Común del Sur, como también se conoce el SAG, es un inmenso reservorio de agua pura, que se extiende desde el norte de Brasil, por parte de Paraguay y Uruguay, y finaliza en la pampa argentina.

En respuesta a los conflictos emergentes, el Banco Mundial continúa invirtiendo y fomentando préstamos, convencido de que la privatización solucionará la escasez, ya que con precios más altos, no se derrocha y habrá un sistema hídrico más eficiente.

El bolsillo ciudadano resulta la medida más recurrente para atenuar la escasez, aunque el vital líquido está definido por Naciones Unidas como un recurso público y no como un objeto de comercialización.

No obstante, la Coca Cola predice que su agua, más cara que la gasolina en algunos países, terminará dando mayores beneficios que sus bebidas gaseosas, ademas de ser una de las multinacionales que se muestra a favor de la total privatización mundial del recurso hídrico por medio de lobbies y patrocinios a fundaciones neoliberales o Think-thanks conservadoras.

Ya en 2008 se hizo público que esta compañía envasaba agua potable en Londres y la vendía como agua mineral a 3 euros la botella, por todo el Reino Unido.

Las compañías francesas Vivendi y Suez, la alemana RWE, Thames Water, de Gran Bretaña; y la American Water Works, de Estados Unidos, se disputan el control monopólico del recurso, y, calculan los expertos, para 2020 serán las dueñas mayoritarias del negocio mundial.

Mientras estos consorcios privados venden agua pura para subsanar el bajo acceso a la salubridad de millones de personas, sus dividendos superan a los de la industria farmacéutica, según la Organización Mundial del Comercio.

Entre 1970 y 2000, sus ventas crecieron más de 80 veces, y al comenzar el nuevo milenio reportaban una ganancia de 200 mil millones de dólares.

Al monto ganancial se suman también los aportes por la construcción de redes de alcantarillado y saneamiento para potabilizar, distribuir y administrar el líquido.

Sin embargo, ya existen dos antecedentes de oposiciones populares contra los intentos de privatización.


En el 2000, en Bolivia, la empresa hispano-estaduniden se Aguas del Tunari triplicó los precios de ese vital servicio, lo que provocó una revuelta masiva –hubo muertos y heridos– en la ciudad de Cochabamba, conocida hasta hoy como “la guerra del agua”, que forzó a recolocar el suministro en manos estatales.

En Ecuador, en 2003, varias organizaciones no gubernamentales denunciaron el incremento de la participación privada en ese preciado suministro. El Poder Judicial tomó medidas, pero no se concretaron hasta 2007 bajo el mandato de Rafael Correa, quien frenó legalmente el proceso privatizador.

La combinación cada vez más explosiva del dinero, los conflictos y ocupaciones territoriales dan razones a los expertos y organismos globales para que estén alertas en un caliente y sediento mundo, donde nunca faltan motivos para que brote otra guerra.

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